Me lancé a por la certificación PMP como hacen muchos: por su prestigio, por su demanda, por lo que representa. Lo que no esperaba era que, más allá de la credencial, el propio proceso se convertiría en una verdadera lección de resiliencia, frustración, estrategia… y algo de suerte.
Fundamentos: el curso que lo cambia todo
Mi experiencia dirigiendo proyectos era sólida, pero también caótica. Había aprendido mucho, sí, pero de forma dispersa, intuitiva, con más calle que método. El marco del PMP me ayudó a dar orden y estructura a todo ese conocimiento que había ido acumulando durante años. Me obligó a conceptualizar lo que antes hacía por costumbre y a revisar mis hábitos desde una perspectiva más estratégica y profesionalizada.
Y gran parte del mérito fue de Andrew Ramdayal, cuyo curso en Udemy me dio claridad, foco y motivación. Su manera de explicar los conceptos, con ejemplos prácticos y consejos orientados al examen, convierte un temario denso en algo mucho más manejable. Lo recomiendo sin dudar a quien quiera prepararse bien.
Pero más allá del curso, el PMP como certificación tiene un valor real, especialmente por tres motivos clave:
1. Reconocimiento global y transversal
El PMP no es solo una certificación de moda. Es un estándar internacional, reconocido en prácticamente todos los sectores: tecnología, construcción, logística, energía, salud, consultoría… Es una credencial portátil, válida en cualquier país y en casi cualquier industria.
Tener el PMP no te garantiza un empleo, pero te pone automáticamente en un nivel profesional superior. En muchos procesos de selección, ni siquiera entras en la criba si no lo tienes.
2. Lenguaje común y mentalidad profesional
Estudiar el PMP no solo te da teoría: te entrena en una forma de pensar, estructurar y comunicar los proyectos. Aprendes a hablar el idioma del PMI, sí, pero también a identificar buenas prácticas, a priorizar valor, a gestionar incertidumbre, y a entender los proyectos como sistemas vivos que cambian y se adaptan.
Cuando terminas la preparación, ves los proyectos con otros ojos: te vuelves más consciente de los riesgos, los interesados, el valor real que entregas, y de cómo gestionar conflictos con criterio.
3. Rigor y exigencia como filtro
El examen PMP no es sencillo. Pero precisamente por eso tiene valor.
Requiere preparación, constancia y una buena dosis de resiliencia. Aprobarlo es una señal de que puedes enfrentarte a entornos complejos y tomar decisiones bajo presión.
No es una validación mágica de que eres un gran Project Manager, pero sí demuestra que has interiorizado un cuerpo de conocimientos exigente y que has sabido aplicarlo en condiciones extremas.
En resumen: prepararte para el PMP te hace mejor profesional. No solo por lo que estudias, sino por cómo te enfrentas al proceso.
Te obliga a reflexionar, a organizarte, a aprender de forma consciente, y a desafiar tus propias creencias.
Y aunque el camino esté lleno de obstáculos, la credencial tiene un valor real. Por eso decidí seguir intentándolo.
Primer intento: el examen me suspende a mí
Mi primer intento fue duro. A pesar de haberme preparado con simuladores y teoría, me bloqueé.
Leía cada pregunta dos o tres veces, me costaba entenderlas, me quedaba sin tiempo.
Suspendí. Y dolió.
Pero lo asumí como parte del proceso: aún tenía margen para mejorar.
Segundo intento: suspendido sin haber empezado
Este fue el más frustrante de todos. Mi examen estaba programado para las 9:30. A las 9:00 me conecté, hice el chequeo técnico y justo cuando iba a iniciar el tutorial de la plataforma, alguien llamó a la puerta. Era julio en Madrid. Pensé que podía ser una urgencia familiar. No lo dudé y abrí. Estuve fuera de la pantalla unos 6 segundos. Repito, el examen, no había empezado, el cronómetro del examen, no se había puesto en marcha, no había visto ninguna pregunta, ni si quiera había empezado el tutorial de uso de la plataforma. Y si mi hija se ha dejado las llaves y no puede entrar en casa, ¿la dejo en la calle 4 horas en julio en Madrid?.
Al volver, inicié el tutorial. A mitad, un mensaje en pantalla me avisó: había sido descalificado por abandonar la vista de cámara.
No había empezado el examen. Ni siquiera había accedido a una sola pregunta. Ni tutorial completado.
Intenté explicar la situación por chat. No hubo respuesta. Simplemente: “violación de normas”.
Reclamé formalmente, y el mensaje que recibí fue este:
“We have reviewed your situation. During the exam, you left webcam view which is not allowed. Please refer to the policies on the Pearson VUE website.”
Mi respuesta fue clara:
“The exam hadn’t even started yet. It was 9:15 and my slot was 9:30. At no point did I see a single question. You denied me the exam without the slightest explanation or empathy. Just a cold line that could have been said by a computer vision algorithm.”
La respuesta fue la misma, una y otra vez. Sin empatía, sin interpretación, sin margen humano.
Para rematar, cuando pedí un canal oficial para presentar una queja, me enviaron un enlace a la web… ¡de infracciones éticas contra el PMI!
¿Ese era su mensaje implícito? ¿Calla, o te irá peor?
Después de eso, el chat entró en “modo bucle”. No importaba lo que preguntara. Todo llevaba al mismo mensaje.
Así trató PearsonVUE (y por extensión, PMI) a alguien que les había pagado más de 300 euros para hacer este examen, más la pasta que ya había pagado antes.
Y sí, las reglas están para cumplirse. Pero también para interpretarse.
Porque si todos nos comportamos como robots… ¿Cuánto tardarán en sustituirnos por uno?
Yo puedo entender que lo que hice merezca la descalificación, porque si. Me duela más o me duela menos, pero creo que las formas se las deberían hacer revisar un poco. Sobre todo tiendo en cuenta la importante que PMP da tanto a la orientación al cliente como al respeto.
Tercer intento: entre el miedo y la estrategia
Tras todo esto, me quedaba una sola bala. Lo hablé con amigos. Estaba reciente. Decidí intentarlo por última vez.
Me preparé haciendo el examen oficial de práctica del PMI. ¿El resultado? Un desastre para la autoestima: aciertos por debajo del 50%, preguntas enrevesadas, respuestas casi idénticas. Pero entendí que eso era parte del juego. No un reflejo de mi valía.
El lunes anterior hice unas 195 preguntas. No me dio tiempo a más. Y el martes… me presenté al examen con un respeto monumental. Desconecté el timbre de casa para evitar fantasmas del pasado.
Esta vez tomé decisiones diferentes:
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Usé la función de subrayado. Me ayudó a centrarme y leer una sola vez cada pregunta. En mi primer intento perdí mucho tiempo para entender cada pregunta, supongo que por lo nervios.
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Muchas preguntas me resultaban familiares del intento anterior, lo cual me dio ritmo. ¿El examen era el mismo? No lo se, pero se parecía muuuuuucho.
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Planifiqué bien mis bloques. Hice las dos pausas, y no me fundí el tiempo en los dos primeros bloques.
En el tercer bloque, con el reloj pisándome los talones, tiré de estrategias de supervivencia:
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Buscar la respuesta más larga. A veces, no siempre.
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Palabras clave favoritas del PMI. “DoD”, “Ishikawa”… si las ves, 90% que esa es la respuesta.
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Truco de Ramdayal: leer solo lo que está entre “¿” y “?” y pasar a las respuestas.
Y lo conseguí. Aprobé.
¿Y ahora qué?
¿Te recomiendo hacer el PMP? No lo sé.
Te puedo contar lo que sí creo que necesitas saber:
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No subestimes el examen. Es más que estudiar, es entender su lógica.
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Haz un buen curso (como el de Ramdayal).
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No pierdas la moral si fallas en simuladores. Son una herramienta de aprendizaje. Los que veas que son muy difíciles, que no te desmoralicen, las preguntas luego no son tan jo…das.
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Usa ChatGPT u otra IA para revisar por qué fallas. No es 100% fiable, pero ayuda mucho. Sobre todo porque muchas veces te obstinas en una respuesta que se basa en tu experiencia profesional, pero olvidas que el examen mide tu conocimiento del mindset PMI, por lo que seguro que lo más lógico es lo que tu dices, pero el ChatGPT te va a ayudar a entender que lo que se pregunta es otra cosa.
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Domina la concentración. El subrayado puede ser tu mejor aliado. Yo lo estudié todo en inglés, pero 180 preguntas en inglés se me hacían muy pesadas, entonces compré el examen en español moderno (así lo llaman para disgusto de Lope de Vega) el caso es que tras pagarlo me arrepentí pensando que luego iban a usar traducciones malas del inglés y no me iba a enterar de lo que preguntaban. No te preocupes, la traducción suele ser bastante buena y tienes la opción de que la pantalla te muestre simultáneamente la misma pregunta en inglés y español. Esto me recuerda que cuando lo compré en español y me entro el cánguele, chateé con los de PMI para ver si podía cambiar el idioma del examen, a lo que me sacaron el manual de respuestas y me dijeron que cambiar el examen era tener que volver a pagar otra pasta. Me arriesgué y luego resulta que tenían la opción de sacar la pregunta en inglés. No me podían haber dicho eso cuando les pregunté? Pues igual es que van a comisión y por cada cambio de tipo de examen se llevan un plus, no se, pero es que en orientación al cliente, estos señores no van sobrados.
Resumiendo: ¿Te convierte esto en un gran Project Manager?
No. Solo te convierte en alguien que ha aprobado el PMP.
Lo otro se gana en el barro de los proyectos reales.
Después de tres intentos, más de mil euros invertidos, muchas horas de estudio y momentos de rabia, mi pregunta no es si soy mejor Project Manager.
Mi pregunta es esta:
¿Volvería a pasar por todo esto sabiendo lo que sé ahora?
Yo tengo mi respuesta.
¿Y tú?